Set de lámparas de papel (3) para mi comedor, 2025.
En un presente atravesado por la ansiedad colectiva y la sobre-estimulación, éstas piezas recuperan el espacio doméstico como un territorio íntimo de contención, fragilidad, pausa y reparación.
Su textura irregular recuerda que incluso los materiales más vulnerables y efímeros pueden contener estructura y belleza. El papel, reciclado, también plantea una pregunta sobre el futuro de los objetos: ¿cómo diseñar sin seguir alimentando el exceso?
Las lámparas evocan organismos suaves, fueguitos domésticos suspendidos en medio de la incertidumbre, sostienen una luz suave y silenciosa que no busca eliminar la oscuridad, sino volverla habitable.
En el contexto de Futuros Pánicos, las piezas no responden al miedo con estridencia tecnológica ni con promesas de control absoluto, sino con intimidad. Como pequeñas arquitecturas emocionales, las lámparas sugieren que el diseño del futuro quizá no consista en producir más, sino en aprender a sostenernos, con delicadeza, dentro de la incertidumbre.
Están inspiradas en una que hice hace muchos años, para el baño de mi casita en la universidad, en 2006.